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Arquitectura de París
La historia de París se puede leer en las piedras y en los libros... Una increíble concentración de estilos que no dejará indiferente al paseante atento. La Antigüedad ha dejado termas y un circo romano en la ciudad. La Edad Media sigue presente en el campanario románico de Saint-Germain-des-Prés y la delicadeza de la Santa Capilla demuestra el milagro del gótico. París también tiene el clasicismo del Gran Siglo, con sus cúpulas y frontones, el sueño de lo antiguo que acariciaba el Renacimiento. Le seducirá el eclecticismo del Segundo Imperio, las innovaciones de Haussmann y la arquitectura metálica celebrada por la Torre Eiffel, punta de lanza del Art Nouveau. El Art Déco no se queda atrás y su modernidad anuncia los futuros emblemas de cemento y cristal de una ciudad que se renueva sin cesar. El impulso gótico
En el siglo XII, las iglesias empiezan a ser más espaciosas y más altas, aunque las paredes siguen siendo gruesas y las aberturas pequeñas. Es la revolución del arco apuntado y la bóveda de crucería u ojival, soportada desde el exterior con arbotantes. La nave de Notre-Dame es el mejor ejemplo de este periodo.
Finalmente, el gótico flamígero, con sus encajes de piedra, arcos conopiales y bóvedas de nervaduras complejas, anuncia el fin de la Edad Media y la llegada del Renacimiento. Invade las iglesias de Saint-Merri, Saint-Séverin o Saint-Germain-l’Auxerrois, aunque también se manifiesta en los hoteles de Cluny y Sens, ornamentados con tragaluces trabajados, ventanas y balaustradas finamente esculpidas.
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